Juan Manuel…

Cómo comenzar esta historia, tal vez por el principio, tal vez por la mitad, o tal vez por el final, aunque pensándolo bien no tiene final, entonces por dónde… tal vez por este preciso instante… en dónde Juan Manuel toma su último cigarrillo de la noche, lo prende y se queda mirando por medio de la ventana; mira hacia ningún lugar, pues lo único que ve por medio de esa ventana es una serie de paredes de ladrillo que quedan al frente de su cuarto, la luz de media noche siempre es interrumpida por el reflector amarillo que ha cruzado su cuarto desde que tenia 13 años. Entonces parece inevitable volver a pensar en ella, en aquella filosofa que le cambio la vida.

Sus pensamientos van y vienen como en un tren de recuerdos que los deja pasar como vagones uno detrás de otro, la locomotora de su corazón parece ahora descarrilarse hacia el ninguna parte, intenta entender de alguna manera todo lo que paso, pero es conciente que haga lo haga o mire por donde mire no podrá entender, tan sólo tiene trazos, fragmentos de sus recuerdos que intenta unir como si eso pudiera ser un pegamento del todo; aún no termina su cigarrillo y grita desde adentro de su cuarto –la vida es un cuento, un cuento contado de afán.

Entonces se hace necesario escribir, ese es un buen comienzo, escribir, escribir de manera impredecible; primero termina su cigarrillo y hay tal silencio que alcanza a escuchar cómo se quema el tabaco a unos centímetros de su boca; se dirige luego a su vieja máquina de escribir y comienza a teclear y hacer un poco de ruido que vuelve a ser interrumpido por los sonidos de la calle noctambula que lo llaman…

Pasa noche tras noche, pensando, escribiendo de alguna manera esos pensamientos que se le pasan durante el día, sabe que desde hace mucho no escribe y parece un poco oxidado en estas labores, pero sin embargo lo intenta; entonces primero escarba el hecho del porqué dejo de escribir hace varios años. Fue una decisión, una decisión dolorosa en aquel tiempo, pero después de todo un escritor no puede dejar de ser escritor, cómo dice el poeta, qué es un hombre sin sueños sino más que un costal de mierda. Y escribir había sido su sueño por un largo largo tiempo, deseaba encontrar alguien que fuera su lector, mas exactamente su lectora. Todo escritor necesita de un lector, de un lector especial, no cualquiera como el de las revistas de farándula que ojean una parte se sienten satisfechos con algún chisme de un desconocido y dejan allí en la mitad su lectura. Juan Manuel piensa que el lector es tan esencial como el mismo escritor, sin éste el escritor tan solo es una letra absurda en una página cualquiera, es una relación de amor de alguna manera; como un jeroglífico que desea ser descubierto, ser traducido y al menos en parte comprendido, el lector a veces comprende al escritor mejor que el mismo… to be continued…

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