Ida

dejaste un silencio ensordecedor, un cepillo de dientes vacío y solitario, una camiseta que extraña tocarte en las noches, una sabanas color café que intentan guardar tu aroma, unas pequeñas arrugas en la almohada…

me quedé, en el mismo sitio donde solía dormir, con el brazo estirado pero ya no debajo de tu cuello sino de una triste almohada.

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