una vez

una vez… la amé y sentí que el corazón se me partía a pedazos, la amé con mis pelos en mi cabeza y con la tinta que quedaba en mis manos después de escribirle, la amé y coloque su nombre por donde iba; dibuje su nombre en decenas de vidrios de buses, en las servilletas de los aviones que dejaba escondidas en las revistas de dutyfree, en las montañitas de azucar que derramaba sobre la mesa, en los cuadernos, en la aceras cuando utilizaba tizas de colores, en los tableros mientras dictaba clase, en los periodicos donde rayaba con marcadores sus iniciales en los titulares, con marcadores sobre su dorso, su espalda… qué locura amarla de esa manera, qué locura verla entretejida en mis letras. Y una vez, un día cualquiera usted se fue, yo me quede resignado un poco a seguirle escribiendo su nombre… ya no sobre su cuerpo, solo seguirla escribiendo, para recordarla… y poco a poco se comenzaron a distanciar las letras de su nombre; aunque a veces vuelvo y tomo una taza de azucar, la volteo y escribo su nombre, me sale una sonrisa y me visita un recuerdo.

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