cacerolas y otras cosas que se pueden llevar en un bosillo

y usted, parece que se va adentrando en mi vida, mis letras, mis amaneceres; sin mayor preámbulo usted ha comenzado a desplazar mi soledad por sus manos, su forma de reírse, su forma referirse a mi como si yo no estuviese. Yo generalmente me guardo en cacerolas y me meto entre los bolsillos, a veces salgo y me desparramo sobre una sonrisa en mitad de la calle. Y entonces usted llega, como si nada, así como así; pero bueno; a mi me gusta sentirme revuelto, licuado…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *