Esperanzas, Desesperanzas y otras cosas que se guardan en tarros de galletas

Y fue así como un buen día después de levantarme, decidí guardar las esperanzas, una a una las recolecte, para algunas necesite la ayuda de 3 vecinos y otras que estaban debajo de la cama, tuve que sacarlas con pinzas, algunas estaban amarradas con sus patitas al sofá y una que era alargada creyó que era buena idea esconderse debajo de la tapa de una olla. Al cabo de un par de horas y habiendo reunido a todas mis esperanzas en un caja de cartón, me dispuse a hacer lo mismo con mis desesperanzas, éstas un poco más evitativas, se escabulleron por entre los huecos del piso y apenas tuve tiempo de alcanzarlas con mis dedos, algunas se volvieron escurridizas como jabón e intentaban jugar conmigo; me demoré el doble de tiempo con mis desesperanzas pero finalmente se logró.
tomé mi tarro de galletas, metí esperanzas y desesperanzas juntas, lo cerré y me fui a jugar rayuela.

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