luna chocolates y otras actividades de extraterrestres

quien se iba a imaginar que por la avenida de las teclas Angelita se encontraría finalmente sobre el borde del piano. Tal vez no sería la primera o la última vez, si una de las pocas veces que tomaba una decisión sin meditarlo, sin pensarlo, sin echar la cabeza para atrás llena de pensamientos, en aquella ocasión y al borde del piano, dejo caer su mano sobre la mesita de madera donde se encontraba un viejo chocolate. A pesar de su aspecto un poco rancio, con el empaque dorado un opaco, ello lo tomó y se quedó mirándolo. Casi ida, se le vinieron una incontrolables ganas de buscar entre su bolso el pasaporte ya caduco (sonaba ”la vie en rose de Edith Piaf”) en ese momento una partecita de su alma pareció romperse brevemente. Fue entonces cuando tomó sus llaves un poco de ropa y se dirigió hacia el aeropuerto, esta vez, iba con pocos destinos, su tía en New York, el primo en Barcelona, el padrino de primera comunión que se mudó a Estambul hace dos meses, los compañeros de clase de 5 semestre que había despedido hace 3 años… por primera vez sentía que las opciones le venían una tras otra, ya no se sentía atada a ella misma. Aun seguía con el chocolate de envoltura opaca en sus manos… lo guardo en medio de su cartera y se dijo a si misma que el día que tocara nuevamente tierra para quedarse lo dejaría al lado de un piano.
Lo curioso de esto es que he ido a Barcelona, a New York a Estambul… y en todos los sitios he encontrado un chocolatito al lado de un piano… supongo que ella siempre decide quedarse… que una parte de ella se queda y la restante sigue volando…

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