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Al final de la noche me quedan únicamente esas ganas de vivirte, de encontrarte a medianoche desprevenida con la sabana apenas cubriéndote el brazo, de escucharte los sueños subterráneos.

Sin embargo, todo se queda en ese mundo imaginado, etéreo, invisible, intangible, heme aquí esforzándome por imaginarme un beso tuyo, por adivinar en vano el sabor acaramelado de tus labios delgados…

me convierto en simplemente en un comentario de su vida…

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