historias de ojala-tas y otros gigantes

tal vez sea el ruido de la brisa matutina, tal vez sea el olor a chocolate que proviene de la casa vecina, tal vez sea el crujido de las tablas que en la mañana son tocadas por el sol… o tal vez no sea nada… como a veces pasa…
pero en ese preciso instante, donde el anochecer el despedido lentamente como los carruseles de parques de diversiones antiguos, en ese momento sales de los sueños, te despides del hombre de ojala-tas, de los gigantes oníricos del tamaño de semillas de girasol…
pasa lentamente… pasa al despertar

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