Aeropuerto

Apenas pasan las 7, la ciudad agitada da otra de esas noches que impiden el pensamiento; los buses parecen dinosaurios gigantes que se mueven torpemente entre el trancon, paran, van, vienen, frenan en seco y aceleran en una vana impresión de estar en un juego de carreras. La lluvia pálida sobre la acera hace subir el frío a flor de piel; las luces rebotan en el camino, y la deseperación por el encuentro hace palpitar el corazón al punto de sentirse cómo la espalda se estrella contra el asiento. El aire solitario pronto será compartido, pero aun el encuentro no se da, las esperanzas se confunden con angustia, el café con cigarrillo da la impresión ilusoria de calma…
Pronto aparece detras de las ventanas algo empañadas una sonrisa, es suficiente,  le da sentido al agobio anterior; la respiración se calma, el corazón se estrella ahora con otro similar… la sonrisas ahora es compartida, se toman las maletas…  y se espera el siguiente viaje.

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