Match point (diálogos de madrugada)

-¿alo?, ¿alo?

-hola, que mas?

-es todo un milagro que llame, sobre todo a esta hora y, ¿esta vez qué paso?. Porque conociéndomelo supondría que me llama por algo de su corazón.

-sip, asi es…  buena suposición. Le expondría mi caso, pero más bien se lo resumo brevemente. Allí estaba ella y yo estaba allí, salimos algunas semanas y creo que las indecisiones de ella sumadas a sus besos y caricias me enamoraron locamente; esa duda acompañada de un te quiero generaba todo un efecto contrario en mí, el efecto de mi corazón de no dudar en quererla. Parecía que cada vez que me decía que no y luego que me quería, detonaran en mi cerebro una cantidad absurda de emociones que no podía controlar.

-un momento, ¿le decía que lo quería, pero que al tiempo no?

-sip, y generalmente uno o al menos yo, me tiendo ir por la rama en la que me dicen que sip, pues sentía que esos noes, podrían convertirse en si. Era una apuesta arriesgada, pensaba que “y si me dice que si”. Claro que estaba la posibilidad del no, pero como cualquier juego, cabe la posibilidad, y sí la posibilidad fuese real entonces, porqué no. Porque no arriesgarse todo, aunque podría perderse todo. Y entonces estaban estas emociones de verla, de escribirle, de quererla, esas emociones casi incontrolables; muchas veces quise llamarla y me decía que no, que dejara la intensidad, entonces doblaba papelitos y hacía origamis.

-, es la tercera vez en la vida que le escucho el mismo cuento, ¿cuántas veces mas se lo voy a escuchar?

-Una vez leí de un buen amigo, que uno se enamora de la misma mujer siempre, lo que cambian son los cuerpos y los nombres. Por eso uno termina cometiendo los mismos errores, y en el peor de los casos creería yo, diciendo lo mismo. Parece que uno tiende inconscientemente a buscar lo mismo, y en mi caso podría ser esa indecisión al amor, ese aspecto parece que me atrajera como las luces azules en tierra caliente en las cuales los mosquitos caen electrocutados; y hago esta analogía porque pensándolo un poco. ¿Cuál es la probabilidad de que en realidad algo así tenga un buen fin?. Entonces se me sale el lado muy inteligente para decir que si existe al menos una probabilidad valdría la pena, y lo acompaño de argumentos un poco extraños como ¿cuál era la probabilidad de ir a la luna? ¿Cuál era la probabilidad de cruzar el atlántico en un avioncito en 1927?. Y si la cosa se pone peliaguda, contrataco con una parte de Rayuela de Cortazar, esa que dice que: “lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La elijen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como sino fuera un rayo que te parte los huesos  y te deja estaqueado en el patio”.  Y así quedo, quedo estaqueado en el patio, con los huesos rotos. Una vez elegí y cuando todo terminó no lo llame, aquella vez todo fue tranquilo, calmo desde el comienzo hasta el fin, como tener un barquito en una piscina. Los sentimientos tristes rápidamente se me pasaron. Aquella vez que elegí puedo decir que elegí bien, hubo sonrisas, alegrías, quereres; pero, y ese fue el problema, faltó algo, ella lo sabía y yo también, lo ignoramos porque tal vez las cotidianeidades podrían reemplazarlo, sin embargo no fue así, ese -no sé- luego fue tangible, parecía real y era al mismo tiempo algo que no veíamos, entonces nos despedimos, fuimos cordiales y aún hablamos como dos seres que se encontraron en el mundo. Así que si me pregunta que cuántas veces va a escuchar lo mismo, podría decirte que sinceramente no sé.

– y ¿entonces? ¿todo seguirá igual?

– Pues, ya es imposible que las cosas sean las mismas,  un día nunca es igual al otro. Allí estaré en el patio por si otro rayo llega, sino igual esteré leyendo Rayuela y pintando sonrisas sobre las nubes.

-eso no es ninguna solución

-sip, lo sé…

-se me ocurre algo un poco mas transgresor, y eso se lo digo sinceramente como usted también lo ha hecho sinceramente. Es obvio que un argumento no le puedo dar a usted, ya que enseguida buscará quebrarme el argumento; frente a eso le hago una propuesta.

-que?

-re-imagínese, re-suéñese, re-invéntese, desármese, rómpase en mil pedazos y péguese de nuevo, retómese, reconstrúyase, resinifíquese.  Aquello que no pueda fragmentar, muy posiblemente sea su sonrisa…

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